The Reader de Stephen Daldry está planteado y ejecutado siguiendo cuatro claves básicas del drama más clásico y a mi jucio, facilón. 

La adaptación de la novela de Bernhard Schlink  se estructura siguiendo un patrón que puede llevar al éxito, por su carácter absorbente y conmovedor, y de hecho lo está logrando, visto la gran cantidad de premios, Oscar incluido, que Kate Winslet está recibiendo. Las claves son muy básicas: un comienzo cargado de romanticismo y muchas incógnitas, un hecho fortuito y un elemento aparentemente irrelevante que desencadena el drama, seguido de una acción tremendamente sentimental que va directa al corazón del espectador y un final trágico. 

Pero estos parámetros que en algunas ocasiones funcionan a la perfección gracias a un contenido global más convincente, en mi opinión no funcionan en El Lector para lograr la emotividad buscada. El factor que desencadena el drama llega a ser estirado al máximo sin tener la consistencia y credibilidad suficiente para enganchar. Desde el momento del giro que el filme sufre a la mitad de la historia no podemos evitar adelantarnos a al drama que nos espera y sufrir cierta decepción viendo como el argumento se dirige inevitablemente hacia ese destino que claramente vislumbramos. 

No deseo desvelar nada sobre el argumento y por ello he tratado de expresarme los más genéricamente posible esperando que sea cada uno individualmente quien viva y sienta esta adaptación de la forma que más crea conveniente.