Ver "Bienvenidos al Norte" (Bienvenue Chez les Ch'tis)  de Dany Boon me ha hecho lamentarme de dos cosas: una, no conocer más idiomas que el corriente inglés y otra, dada la primera limitación, que no haya más salas de V.O.S.  Es de agradecer el esfuerzo del equipo de doblaje, pero es incuestionable que el mensaje no llega con la misma facilidad con la que lo han podido disfrutar 20 millones de franceses.

A pesar de ello, la película tiene algo especial que traspasa fronteras, es divertida y trasmite una incuestionable sensación de felicidad, la vea quien la vea, hables el idioma que hables. La historia de ese empleado de correos que como castigo es trasladado al Norte donde hace frío, siempre llueve y como consecuencia, sus habitantes son toscos y dados al alcohol para olvidar su pesar, se asume como propia en cualquier país  La prueba de su universalidad es que al instante y de forma inconsciente intentas trasladar la historia a tu territorio tratando de imaginar cuál sería el equivalente.

Los Ch'tis, por muy lejano que suene el término al principio, son cualquier pueblo recóndito, cualquier comunidad acogedora que vive feliz con sus tradiciones, serenos en su día a día y dotados de una maravillosa sencillez. En una sociedad como la actual, se agradece ver una historia como de la "Bienvenidos al Norte" que rompe prejuicios, reivindica la placidez de ciertos lugares lejanos y e imperturbables, e invita a tomarse un descanso con una cerveza rodeado de tus convecinos.